domingo, 8 de noviembre de 2015

UNA GRIETA EN EL SILENCIO.


  Ch´idzigyaak y Sa´ se acomodaron para pasar la noche. Como siempre, después de terminar sus tareas cotidianas y cenar, las dos mujeres se sentaron y charlaron junto al fuego. Ahora hablaban del Pueblo con frecuencia. La soledad y el tiempo habían aliviado sus recuerdos más amargos, y el odio y el miedo nacidos de aquella insospechada traición del año anterior parecían atenuados por las muchas noches transcurridas a solas con sus pensamientos. Todo les parecía ahora un sueño lejano. Con el estómago lleno, las mujeres, cómodamente instaladas en su refugio, se sorprendían ahora de cuánto echaban de menos a su gente. Cuando la conversación se agotó, las ancianas permanecieron calladas, sumidas en sus pensamientos.
De repente, el silencio se quebró, y las mujeres oyeron que alguien gritaba sus nombres. Sus miradas se encontraron por encima de la hoguera y comprendieron que no eran imaginaciones suyas. La voz del hombre sonó más fuerte y se identificó. Las mujeres conocían al viejo guía, tal vez pudieran fiarse de él. Pero ¿y los otros? Fue
Ch´idzigyaak quien habló primero:
-Aunque no contestemos, seguro que nos encontrarán.
Sa´se mostró de acuerdo.
-Sí, nos encontrarán. -En su cabeza bullían mil ideas.
-¿Qué vamos a hacer? -gimoteó Ch´idzigyaak, aterrada.
Sa´reflexionó un momento. Luego dijo:
-Debemos decirles que estamos aquí. -Al ver la expresión de pánico en los ojos de su amiga, Sa´continuó inmediatamente en un tono suave y tranquilizador-: Debemos mostrarnos valientes y enfrentarnos a ellos. Pero, amiga mía, hay que estar preparadas para lo peor. -Esperó un momento antes de añadir-: Incluso la muerte.
Sus palabras no consolaron a Ch´idzigyaak, que estaba más asustada que nunca. Las dos permanecieron largo tiempo sentadas, intentando reunir el valor suficiente. Sabían que no podían seguir huyendo. Al fin, Sa´se levantó sin prisas, salió al aire frío de la noche y gritó roncamente:
-¡Estamos aquí!
Daagoo seguía sentado pacientemente, alerta, mientras los jóvenes le miraban con aire incrédulo. ¿Y si eran otra gente? ¿Por qué no podían ser enemigos? Cuando uno de los hombres iba a expresar sus dudas, de las tinieblas surgió la respuesta de Sa´. Una gran sonrisa iluminó el rostro del viejo guía. ¡Lo sabía! Estaban vivas. De inmediato se dirigieron al lugar de donde había llegado el sonido. Las voces de las mujeres parecían cercanas; sin embargo, los hombres tardaron un buen rato en llegar hasta el campamento.
Por fin el grupo llegó a la luz de la hoguera que ardía fuera del refugio. Junto a él estaban las dos ancianas, armadas con unas imponentes lanzas largas y afiladas. Daagoo sonrió, admirado; las viejas parecían dos guerreros en pie de guerra dispuestos a defenderse.
-No os haremos daño -les aseguró.
Las mujeres lo miraron, desafiantes, durante un instante.
-Creo que vienes en son de paz, pero ¿qué hacéis aquí? -empezó Sa´.
El guía tardó en contestar, porque no sabía cómo explicárselo.
-El jefe me envió a buscaros. Imaginaba que estabais vivas y ordenó que os buscáramos.
-¿Por qué? -pregunto Ch´idzigyaak recelosa.
-No lo sé -dijo simplemente Daagoo. En realidad, ni él ni el jefe habían previsto lo que pasaría una vez que estuvieran frente a las dos mujeres, y ahora estaba confundido porque era evidente que las ancianas no se fijaban de ninguno de ellos-. Tendré que volver para comunicarle al jefe que os hemos encontrado -dijo.
Eso era lo que las dos mujeres suponían, así que Sa´preguntó:
-¿Y después qué?
El guía se encogió de hombros.
-No lo sé. Pero ocurra lo que ocurra, el jefe os protegerá.
-¿Cómo hizo la última vez? -preguntó con dureza Ch´idzigyaak.
Daagoo sabía que si quería, él y los otros tres cazadores reducirían sin ningún esfuerzo a las dos mujeres y se apoderarían de sus armas. Pero sentía una admiración creciente por ellas al ver que estaban dispuestas a llegar hasta el final. No eran las mismas que había conocido.
-Os doy mi palabra -dijo sin inmutarse.
Las mujeres se dieron cuenta de la importancia de aquella promesa y permanecieron en silencio largo rato.
Sa´se fijó en lo demacrados y agotados que estaban los hombres. Hasta el guía, que permanecía orgullosamente de pie, parecía desamparado.
-Debéis de estar cansados -dijo en tono desganado-. Entrad. -Y los condujo al interior del refugio amplio y cálido.
Los cuatro hombres entraron en la tienda con cautela, conscientes de que no eran bien recibidos. Las mujeres hicieron un ademán para que se sentaran en torno al fuego, y entonces Sa´hurgó entre las pieles de su lecho, junto a la pared, y extrajo una bolsa de la que sacó un poco de pescado seco para cada uno de ellos. Mientras comían, los hombres miraban a su alrededor. Comprobaron que los lechos de las dos ancianas estaban cubiertos de mantas de pieles de conejo recién confeccionadas. Aquellas mujeres tenían mejor aspecto que todos ellos. ¿Cómo podía ser? Una vez que terminaron con el pescado seco Sa´les sirvió caldo de conejo que bebieron con agradecimiento.
Ch´idzigyaak, desde un rincón, contemplaba con aire torvo a los cazadores, que se sentían incómodos. Con gran asombro por su parte, los hombres pudieron constatar que aquellas dos mujeres no sólo habían sobrevivido, sino que disfrutaban de una salud envidiable, mientras que ellos, los hombres más fuertes del grupo, estaban desfallecidos por el hambre.
Sa´también observaba a los hombres mientras comían. Aunque intentaban comer poco a poco, a la luz se podía apreciar la delgadez de sus rostros y se convenció de que no se habían estado alimentando debidamente. Ch´idzigyaak también se percató de ello, pero su corazón estaba lleno de resentimiento por aquella inesperada intrusión y no sentía ni la más mínima lástima. Cuando los hombres terminaron su comida, Daagoo miró a las mujeres a la espera de que dijeran algo. Durante un rato nadie rompió el silencio. Por fin Daagoo dijo:
-El jefe creyó que sobreviviríais, por eso envió a buscaros.
Ch´idzigyaak soltó un gruñido de cólera, y cuando los hombres se giraron hacia ella, los miró con desprecio y apartó la vista. No podía creer que aquella gente tuviera el valor de buscarlas. En opinión de Sa´, estaba claro que no venían a nada bueno. Estiró la mano y dio unos suaves golpes en la de su amiga para tranquilizarla; luego se volvió a los hombres y dijo simplemente:
-Sí, hemos sobrevivido.
Daagoo no pudo reprimir una sonrisa divertida ante la cólera de Ch´idzigyaak. Sin embargo, Sa´no parecía albergar tanta desconfianza, así que evitó la mirada iracunda de Ch´idzigyaak y se dirigió a Sa´.
-Estamos hambrientos y cada vez hace más frío. Una vez más no tenemos suficientes provisiones; la situación es la misma que cuando os abandonamos. Pero cuando el jefe se entere de que estáis bien, os pedirá que volváis con el grupo. El jefe y la mayoría del Pueblo piensan igual que yo. Lamentamos lo que hicimos con vosotras.
La mujeres permanecieron en silencio durante un largo rato. Por fin Sa´dijo:
-¿Para que nos volváis a abandonar cuando más os necesitemos?
Daagoo tardó unos minutos en responder. Hubiera preferido que estuviera allí el jefe para hacerlo; porque éste tenía más experiencia, y sabría cómo responder a ese tipo de preguntas.
-No puedo aseguraros que no ocurra de nuevo. En los malos tiempos, algunos son peores que los lobos, y otros se vuelven cobardes y débiles, como me pasó a mí cuando os dejamos. -La voz de Daagoo se llenó de emoción al pronunciar las últimas palabras, pero se rehízo y continuó-: Una cosa sí os puedo decir. Si vuelve a ocurrir, os protegeré aún a costa de mi vida, si es necesario. -Al decir aquello, Daagoo comprendió que gracias a aquellas dos mujeres, a las que antes había creído indefensas y débiles, él mismo había recuperado esa fuerza interior que lo había abandonado el invierno anterior. Ahora, por alguna razón desconocida sabía que jamás se volvería a sentir viejo y débil. ¡Jamás!
Los jóvenes escuchaban en silencio la conversación que tenía lugar entre sus mayores. Uno de ellos dijo con el tono apasionado de la juventud:
-Yo también os protegeré si alguien intenta haceros daño. -Todos le miraron sorprendidos. Pero luego sus compañeros también juraron proteger a las dos mujeres, porque habían sido testigos de una milagrosa supervivencia que había hecho nacer en ellos un sólido sentimiento de respeto hacia sus mayores. Las mujeres sintieron que sus corazones se ablandaban con aquellas palabras, aunque su recelo no había desaparecido. Creían a aquellos hombres, pero no estaban muy seguras con respecto a los otros.
Las dos ancianas se retiraron para poder hablar en privado.
-¿Podemos fiarnos de ellos? -preguntó Ch´idzigyaak.
Sa´esperó un momento antes de contestar, pero luego asintió.
-¿Y de los otros? ¿Y si encuentran nuestras provisiones? ¿Es que crees que podrán contenerse cuando vean nuestra comida? Mira lo hambrientos que están. El año pasado no tuvieron ningún miramiento y ahora estás dispuesta a ponerte a su disposición. Amiga mía, me temo que nos quitarán lo que tenemos, nos guste o no -dijo Ch´idzigyaak.
Sa´ya lo había pensado, pero la cosa no le preocupaba, así que respondió:
-Debemos recordar que sufren. Sí, nos condenaron sin contemplaciones, pero les hemos demostrado que estaban equivocados. Si vuelven a hacerlo, ya sabemos que podemos sobrevivir. Lo hemos comprobado por nosotras mismas. Ahora debemos dejar de lado nuestro orgullo y recordar que sufren. Si no lo hacemos por los adultos, hagámoslo por los niños. ¿Te has olvidado de tu nieto?
Ch´idzigyaak sabía que, como siempre, su amiga tenía razón. No, no podía ser tan egoísta como para dejar morir de hambre a su nieto cuando ella tenía toda aquella comida. Los hombres esperaron pacientemente mientras las dos mujeres susurraban entre sí.
Sa´no había dejado de hablar, porque sabía que Ch´idzigyaak todavía tenía miedo de lo que estaba ocurriendo y necesitaba coraje para enfrentarse al futuro.
-No saben hasta qué punto hemos resuelto nuestra situación -dijo-. Pero mañana, a la luz del día, lo verán, y así sabremos si cumplen lo que dicen. Pero recuerda, amiga mía, si vuelven a abandonarnos, sobreviviremos, y si sus palabras son sinceras nuestro recuerdo perdurará en sus memorias y les infundirá valor en los momentos difíciles.
Ch´idzigyaak asintió. Por un momento, al fijar la mirada en aquellos miembros del grupo, sintió renacer los viejos temores y su renovada fuerza se desvaneció. Miró a su amiga con gran ternura. Sa´siempre tenía las palabras justas.
En el refugio, aquella noche, las dos mujeres y el guía intercambiaron historias, mientras los jóvenes escuchaban en silencio atento y respetuoso. El viejo les contó lo que había ocurrido después de que las abandonaran. Habló de los que habían muerto. La mayor parte de ellos eran niños. Los ojos de las ancianas se llenaron de lágrimas al escucharle, porque habían querido a algunas de aquellas personas, y los niños se contaban entre sus preferidos. Las mujeres no podían soportar pensar en lo mucho que los niños debieron sufrir antes de morir, tan pequeños y de una forma tan cruel.
Después de que Daagoo terminara su relato, Sa´le contó cómo habían sobrevivido. Los hombres las escucharon con una mezcla de emociones dispares. Su historia resultaba increíble, pero su presencia era una prueba irrefutable de su veracidad. Sa´no se dejó turbar por la expresión de temor reverente que había en los rostros de los hombres. Siguió contado su historia y recordando el año lleno de acontecimientos que ella y su amiga habían vivido juntas. Cuando terminó su relato hablándoles de sus reservas de comida, los ojos de los visitantes se iluminaron.
-Cuando escuchamos la primera vez tu voz, supimos que podíamos fiarnos de ti. También supimos que ya que eras capaz de encontrarnos en la noche, tardarías muy poco en hallar nuestra comida. Por eso te lo cuento. Sabemos que no vas a hacernos daño dijo Sa´a Daagoo sin rodeos-. Pero ¿y los demás? Si han sido capaces de abandonarnos, no tendrán ningún escrúpulo en robarnos. Decidirán una vez más que somos débiles y viejas y que no necesitamos nuestras provisiones. No les echo la culpa ahora de lo que nos hicieron, porque mi amiga y yo sabemos lo que el hambre puede cambiar a una persona. Pero hemos trabajado mucho para juntar lo que tenemos y aunque sabíamos que nos sobraría comida durante el invierno, seguimos almacenando provisiones. A lo mejor, en el fondo, esperábamos que esto ocurriera. Sa´hizo una pausa para escoger cuidadosamente sus palabras. Luego añadió-: Lo compartiremos con los demás pero no deben volverse codiciosos e intentar robarnos nuestra comida, porque lucharemos hasta la muerte por lo nuestro.
Los hombres permanecieron sentados en silencio, escuchando como Sa´ exponía sus condiciones con voz fuerte y apasionada.
-Os quedaréis en el antiguo campamento. No queremos ver a nadie más que a ti -Sa´ se inclinó hacia Daagoo- y al jefe. Os daremos comida y esperamos que el Pueblo coma con moderación en previsión de los malos tiempos que están por venir. Es todo lo que podemos hacer por vosotros.
El guía asintió y dijo con voz serena:
-Haré llegar este mensaje al jefe.
Una vez dicho todo lo que tenían que decir, las ancianas invitaron a los hombres a dormir en un lado del refugio. Por primera vez en mucho tiempo se sintieron tranquilas. Durante aquellos largos meses habían temido por su futuro, pero aquella noche se desvanecieron las pesadillas de lobos y otras alimañas y durmieron plácidamente. Ya no estaban solas.

VELMA WALLIS.

EDUCACIÓN.



  Correteando por la calle, un pequeño rapaz, al dar la vuelta a una esquina, chocó inesperadamente con un hombre. ¨ ¡Santo cielo!¨, dijo el hombre, ¨¿adónde vas con tanta prisa?¨

¨A casa¨, respondió el muchacho. ¨Llevo prisa, porque mi madre me va a sacudir.¨

¨¿Y tantas ganas tienes de que te sacudan que vas corriendo de esa manera?¨, le preguntó asombrado el otro.

¨No. Pero, si mi padre llega a casa antes que yo, será él quien me atice.¨

Los niños son como espejos;
en presencia del amor,
es amor lo que reflejan;
cuando el amor está ausente,
no tienen nada que reflejar.

ANTHONY DE MELLO.

LAS TRES VIEJAS.


  Súbete aquí, en el vallado, Platero. Anda, vamos a dejar que pasen esas pobres viejas...
Deben venir de la playa o de los montes. Mira. Una es ciega y las otras dos la traen por los brazos. Vendrán a ver a don Luis, el médico, o al hospital... Mira qué despacito andan, qué cuido, qué mesura pone las dos que ven en su acción. Parece que las tres temen a la misma muerte. ¿Ves cómo adelantan las manos cual para detener el aire mismo, apartando peligros imaginarios, con mimo absurdo, hasta las más leves ramitas en flor, Platero?

Que te caes, hombre... Oye qué lamentables palabras van diciendo. Son gitanas. Mira sus trajes pintorescos, de lunares y volantes. ¿Ves? Van a cuerpo, no caída, a pesar de la edad, su esbeltez. Renegridas, sudorosas, sucias, perdidas en el polvo con sol de mediodía, aún una flaca hermosura recia las acompaña, como un recuerdo seco y duro...
Míralas a las tres, Platero. ¡Con qué confianza llevan la vejez a la vida, penetradas por la primavera esta que hace florecer de amarillo el cardo en la vibrante dulzura de su hervoroso sol!

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ.

DE NORTE A SUR.


Mientras los caballos corren por las praderas
y los barcos piratas se esconden entre hielos
guardando sus tesoros bajo las noches blancas
oigo una voz que canta muy cerca de mi pecho
una canción perdida a orilla de las aguas.


Un rumor imposible nacido de las hojas
verdes de los castaños escuchan mis oídos
y unas manos secaban el sudor de mi frente
con la bandera blanca de algún barco vencido
por los barcos piratas anclados en la nieve.


A través de los mares llevé las cabelleras
de las vírgenes negras muertas junto a la costa
con sus labios de fuego cubiertos por la sangre
de un capitán pirata sepultado en las olas
ardientes y saladas de mares tropicales.


Dormido en la cubierta bajo los cielos rasos
a la luz de la luna que clavaba en mis huesos
una canción traída por lejanos amores
vi florecer las aguas de labios y de besos
y vi cómo una lluvia de pájaros y flores
nos caía en la frente y humedeció los sueños.


Mientras que los caballos corren por las praderas
y están presos los barcos entre mares helados
tienen su vista fija todos los marineros
sobre la Cruz del Sur que derramó en mis labios
una voz que cantaba muy cerca de mi pecho.
(La sangre en libertad, 1931)

JOSÉ MARÍA HINOJOSA.

sábado, 7 de noviembre de 2015

LA SOLICITUD DEL MONARCA.

     El monarca le pidió a un buen número de sabios que le realizaran una obra fabulosa y sin precedentes sobre la historia del ser humano.
 Pasados muchos años, los sabios se presentaron ante él con un centenar de gruesos volúmenes y le dijeron:
 -Aquí hemos incluido la historia del ser humano.
  El monarca hizo un gesto de desencanto y dijo:
   -No me queda vida para leer tal número de volúmenes. Tenéis que condensar este conocimiento.
 Pasaron tres años más y los sabios presentaron diez volúmenes ante el monarca, que dijo:
 -No, no tengo tiempo de leer tantos volúmenes. Por favor, esforzaos más y sintetizad.
   Pasados dos años, regresaron los sabios con cinco volúmenes.
    -Yano me queda casi tiempo -se condolió el rey. La vida pasa y lleváis muchos años tratando de hacer esa obra que se refiere a la historia del hombre. No tengo tiempo. Esforzaos por sintetizar más. Si no os dais prisa, moriré antes de ver acabada esa obra.
   Entonces un desconocido se adelantó y dijo:
 -Señor, perdonad mi intromisión. Soy un yogui y os puedo resumir, como deseáis, en pocas palabras la historia del ser humano.
   El rey le miró sorprendido y dijo:
 -Si de verdad podéis hacedlo. ¿Cuánto tardaréis en escribir la obra?
   -No necesito escribirla, señor. La tengo bien presente en mi cabeza.
   -Habla, pues, desconocido.
   Y el yogui dijo:
  -Majestad, la historia del hombre es que nace, vive entre el placer y el sufrimiento, y muere.
   Minutos después de escuchar esas palabras, el monarca complacido por el resumen, murió.

REFLEXIÓN

     En mi relato espiritual El Faquir, el maestro que vierte sus enseñanzas en esas páginas nos dice que la vida es como un alambre y que hay que aprender a caminar por él como un buen funámbulo lo hace por el alambre de su prueba de equilibrismo: con atención, esfuerzo bien encauzado, sosiego, ecuanimidad, confianza en uno mismo, sentido de cada momento del aquí y el ahora, elegancia, fluidez y una comedida intrepidez. La vida  es un alambre que se extiende del nacimiento a la muerte, y en su recorrido encontramos placer y dolor, alegría y sufrimiento y, finalmente, la muerte inexorable, que forma parte de la vida y cuyo recordatorio debe servirnos no para abrumarnos, angustiarnos o deprimirnos, sino para aprovechar la vida elevando el dintel de la conciencia y relacionándonos mejor con nosotros y con los demás. Hay muchos eventos, menores o mayores, en la vida de una persona, pero de hecho se nace, se vive ( entre fortuna o infortunio, contento y pesadumbre)  y se muere. Pero se puede pensar por el "alambre" con compasión, conciencia clara y corazón tierno, cuidado de sí y de los demás, o se puede cruzar por él de manera mecánica, sin equilibrio ni sosiego, convirtiendo la vida en una mala copia de que debería ser. Hay que aprender a encarar el placer y el sufrimiento con esa ecuanimidad que nace de la viskión clara  y la comprensión profunda, sin dejar de ser uno mismo, tratando de permanecer en el propio centro y sin dejarse alienar. La ecuanimidad nos ayuda a mantener el ánimo estable a pesar de las vicisitudes existenciales y nos enseña a reequilibrar cada vez que tendemos a desarmonizarnos dejándonos llevar por estados extremos de ánimo. Como se vive entre el placer y el sufrimiento, tratemos de procurarles dicha a los demás y evitarles el dolor. Existen tres clases de sufrimiento: el inevitable y que alcanza a todos los seres, el que la mente ofuscada o perversa provoca en otras criaturas y el que nos hacemos inútilmente a nosotros mismos. El sufrimiento inevitable hay que aceptarlo conscientemente, pero el que engendramos a los demás y a nosotros innecesariamente hay que ir evitándolo mediante el esfuerzo, la transformación interior y el mejoramiento de la mente. En ese escenario de luces y de sombras que es la vida, hay que aprender, a pesar del placer y del dolor, a mantener el sosiego. Son hermosas e inspiradoras las palabras del Yoga Vasistha que dice: "A aquel que contempla en calma el transcurso del mundo tal como se desarrolló o se presenta ante él y permanece sonriente pese a las vicisitudes, se le llama yogui imperturbable".

RAMIRO A. CALLE.

    

  

  

  

EL PODER DE LOS SUEÑOS.

  ACRÓBATA:
  Es símbolo de buena salud; pero, si sus acrobacias fracasan, presagia pérdida de dinero y perjuicios. En cambio, si eres tú quien practica las acrobacias, triunfarás en un asunto o negocio que te parecía aventurado.

  ACTIVIDAD:
  Soñar que somos unas personas muy activas y que estamos implicados en muchas cosas indica, si se asocia con un sentimiento agradable, que nos encontramos en una magnífica etapa de creatividad, que debemos aprovechar al máximo. Has de hacer caso a las nuevas ideas que se te ocurran y ponerlas en práctica, ya que serán un éxito.

NORMA O´CONNOR.

APRENDÍ A DOMINARME A MÍ MISMO.


  De mis malestares le echaba la culpa a mis familiares porque decía que no me comprendían. También culpaba a otros de mi mala situación y nunca a mí mismo. Cuando comencé a leer que cada persona es responsable de su buena o su mala suerte, y que cada quien es el dueño de su propio destino, no quería creerlo. Pero a medida que leía me convencía que así es en realidad. Comprendí que yo no era tan positivo que digamos, ya que tenía muchos aspectos negativos que influían en lo que me pasaba. A veces tenía algún éxito, pero más tarde me enfrentaba a serios problemas económicos. Y entonces me deprimía demasiado, y toda mi familia vivía en tensiones por este motivo.

Aprendí a través de la lectura a confiar en Dios y en mí mismo. Comencé a utilizar el poder de la fe, a desarrollar la voluntad, a ejercitar mi mente en la visualización positiva. Lograba con eso energía interior, que usted denomina muy acertadamente la ¨Energía Psicocósmica¨. Los frutos han sido excelentes. Primeramente en mi propia existencia, ya que aprendí a enfrentar las dificultades con calma, serenidad y dominio propio. Pude entonces influir en mis familiares: Mi esposa, hijos y mis padres que viven con nosotros. Entre todos, muchas veces había choques y discusiones. Actualmente vivimos con más tranquilidad. Todos en casa están leyendo los libros referidos y sus artículos periodísticos. Con todo lo cual nos beneficiamos.

JOSÉ FARID H.