martes, 26 de agosto de 2014

UNA PALABRITA AL LECTOR.

Antes de leer la historia de mi vida, escucha, lector amigo, un cuento que te voy a contar.

   Caminaban juntos y a pie dos estudiantes desde Peñafil a Salamaca. Sintiéndose cansados y sedientos, se sentaron junto a una fuente que estaba en el camino. Después que descansaron y mitigaron la sed, observaron por casualidad una como lápida sepulcral, que a flor de tierra se descubría cerca de ellos, y sobre la lápida unas letras medio borradas por el tiempo y por las pisadas del ganado que venía a beber a la fuente. Picóles la curiosidad, y lavando la piedra con agua pudieron leer estas palabras castellanas: Aquí está enterrada el alma del licenciado Pedro García.

  El más mozo de los estudiantes, que era vivaracho y un si es no es atolondrado, apenas leyó la inscripción cuando exclamó riéndose  carcajada tendida: " ¡ Gracioso disparate ! ¡ Aquí está enterrada el alma ! Pues qué: ¿ un alma puede enterrarse ? ¡ Quién me diera a conocer el ignorantísimo autor de tan ridículo epitafio ! " * Y diciendo esto, se levantó para irse. Su compañero, que era algo más juicioso y reflexivo, dijo para consigo; " Aquí hay misterio y no me he de apartar de este sitio hasta averiguarlo " .

  Dejó partir al otro, y sin perder tiempo sacó un cuchillo y comenzó a socavar la tierra alrededor de la lápida hasta que logró levantarla. Encontró debajo de ella un bolsillo; abrióle, y halló en él cien ducados*, con estas palabras en latín: Declárote por heredero mio a ti, cualquiera que seas, que has tenido ingenio para entender el verdadero sentido de la inscripción: pero te encargo que uses de este dinero mejor que yo usé de él. Alegre el estudiante con este descubrimiento, volvió a poner la lápida como antes estaba, y prosiguió su camino a Salamanca, llevándose el alma del licenciado.

  Tú, amigo lector, seas quien fueres, necesariamente te has de parecer a uno de estos dos estudiantes. Si lees mis aventuras sin hacer reflexión a las instrucciones morales que se encierran en ellas,ningún fruto sacarás de esta lectura; pero si las leyeres con atención, encontrarás lo útil mezclado con lo divertido, que tantas veces se ha repetido en los libros que Horacio* lo decantó*.


 Padre Isla. Francisco José de - Vidanes, prov. de León ( 1703- 1781 ).- Jesuíta; escritor fácil, flúido, correcto, festivo y elegante, autor de Fray Gerundio.

   

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