domingo, 5 de julio de 2015

ORILLAS DEL DUERO.


XI

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero...
-La tarde cayendo está-.
¨En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día;
ya no siento el corazón.¨


Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.


La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.


Mi cantar vuelve a plañir:
¨Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada.¨

ANTONIO MACHADO.

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